Inmersión en la Alameda Miles de gaditanos presenciaron con expectación las primeras pruebas del submarino de Isaac Peral por Diario de Cádiz

Se cumplen 125 años de la ceremonia de botadura del submarino Peral en aguas de La Carraca, un acontecimiento que no levantó tanta expectación en la ciudad como las posteriores pruebas de inmersión a que fue sometida la nave, la creación del entonces último invento en lo concerniente a buques de guerra.

Desde el mes de abril de 1887 hasta enero de 1891 el tema del teniente de navío Peral y su submarino estuvo presente en toda la prensa de aquella época.

Diario de Cádiz publicaba el 20 de abril de 1887 las primeras informaciones sobre un joven marino español, el teniente de navío don Isaac Peral, profesor de la Academia de Aplicación establecida en San Fernando, que había construido un nuevo torpedero submarino que, según el parecer de personas expertas, era la última palabra en el arte naval militar. Pocos días después se anunciaba en nuestro diario que el ministro de Marina acogía favorablemente la idea de Peral y que el Arsenal de la Carraca recibiría órdenes para construir el nuevo torpedero submarino.

El 7 de marzo de 1889 contaba Diario de Cádiz que las noticias recibidas acerca de la excursión a la Bahía que debía verificar el torpedero submarino despertaron gran interés en el vecindario gaditano. Desde el mediodía empezó a llegar gente a la muralla, que siguió durante algunas horas animadísima.

Desde la Alameda hasta los Cuarteles todas las fincas del recinto estaban cubiertas de personas. Igualmente, había muchos curiosos en la punta de San Felipe y en el muelle, y no hay que decir los que se instalaron en los balcones y azoteas de las casas bien situadas del centro y extramuros, llegando algunos hasta el muelle de Puntales. El día convidaba, por lo demás, a tomar el sol, y muchas familias conocidas habían trasladado el paseo a la parte de la muralla más cercana a la Alameda.

Sin embargo no quedó satisfecho el deseo de nuestro pueblo pues, según se supo cerca de las cuatro, por personas llegadas de San Fernando, en el submarino había ocurrido un pequeño accidente, que obligó a suspender la prueba preparada.

La nave permaneció detenida una media hora. Pronto se supo que había surgido un inconveniente: la chumacera de la hélice de babor se había recalentado por un defecto de construcción, por lo que Peral estimó la suspensión para evitar mayores desperfectos, disponiéndose a regresar al Arsenal. En principio, la lancha ‘Carmen’ tendió un cable para remolcar al nuevo navío, pero no logró su propósito, siendo el ‘Península’ quien sacó del varadero al submarino. Eran las tres de la tarde cuando regresó, pasando revista Peral a la maquinaria donde se había producido la avería, siendo una bobina la que dio origen a la misma a causa de unas derivaciones.

Cuenta la crónica que “el submarino parecía más un gran pez que un barco, deslizándose con gran suavidad por la superficie, no dejando estela a su paso merced a un nuevo método en el funcionamiento de la hélice creado por Peral”. Tras el nuevo barco marchaba un remolcador a cuyo bordo iba el capitán general, marchando a continuación los vapores que habían acudido a presenciar estas históricas pruebas. Al llegar a las proximidades del ‘Península’, Peral tuvo que saludar con la gorra en la mano, para corresponder a los vítores de que era objeto, mostrando una gran emoción su esposa, quien tenía fijos los ojos en su marido como dándole ánimos, siendo una escena de gran emoción que sobrecogió los corazones de cuantos allí estaban.

El 17 de julio de 1889 tuvo lugar una nueva prueba el submarino de Isaac Peral. A las cinco de la tarde el inventor dio la voz de avante, soltando el buque sus amarras y tomando dirección hacia la bahía. Respetando las recomendaciones que no debía alejarse de la costa, el submarino realizó diversas evoluciones a una velocidad de unas seis millas hora, marchando con enorme facilidad, sin ruido alguno. En la torrecilla iban Peral, Iribarren, Novo, Armero y Casado, quienes observaban atentamente el comportamiento de la nave.En Cádiz no era conocida la noticia de estas. A pesar de ello, las murallas y el muelle registraron animación.

El viaje de ida lo realizó en contra de la marea y con algo de marejada, regresando cuando la marea bajaba y con corriente en contra. A las siete y diez de la tarde entró en la Carraca quedando amarrado frente al muelle número tres. A lo largo de esta prueba el buque recorrió unas 16 millas a una velocidad por encima de los cálculos establecidos por Peral. Desarrolló una fuerza eléctrica de un potencial de 240 voltios y 30 amperios, demostrando el submarino tener excelentes condiciones para la marcha a flote.

(Notas transmitidas por un redactor de este periódico).

A las siete y media de la mañana, del 29 de noviembre de 1889, salimos del muelle en el vapor Reina Cristina.

Desde bien temprano a bordo del nuevo buque se encontraban los señores García Gutiérrez y Mercader a fin de establecer las condiciones de las baterías eléctricas. También estaban a bordo los señores Cubells, Iribarren y José Moya, ayudantes de Peral en el proyecto.

A las 10.05 minutos divisábamos al submarino Peral que navegaba sin compañía. Lo hacia a seis millas por hora y sobre su cubierta estaban el comandante del buque y el teniente de navío señor Cubells. Frente a la Punta de San Felipe, en medio del canal, Isaac Peral, desde la cubierta, hizo señal de parar la máquina a los vapores que le seguían. Eran las once y cuarto, estábamos frente a la boya del bajo del Fraile, enfilando la iglesia del Carmen.

A las once y veinte minutos entró en el submarino Peral, en un bote, el señor García Gutiérrez dio un cabo a la torre del submarino para la instalación del teléfono, por el que se ha de tener comunicación mientras la nave esté sumergida. Empezaron a funcionar los aparatos destinados a la inmersión de la nave, oyéndose el ruido que su movimiento producía. Se ve agitarse a las hélices horizontales y comienza muy despacio el descenso y a medida que se hunde el submarino se va perdiendo el ruido. Las personas que presencian el suceso desde el ‘Garibaldi’, el remolcador y el ‘Reina Cristina’, guardan religioso silencio con el ánimo pendiente del resultado. El submarino no pierde la horizontalidad, y gira antes de hundirse. Su marcha hacia debajo de la superficie es perfectamente regular y causa verdadera impresión la novedad y trascendencia del espectáculo.

Parte del submarino permanece todavía a flote y en el lugar que ocupa hay 9 metros de profundidad. El barco, siguiendo en parte hundido, busca situación y al poco rato pone la proa hacia dentro y anda un tanto. Son las doce menos cinco minutos. La causa de esta detención en las pruebas es, según parece, el tiempo que invierte en cerrar herméticamente las escotillas. Por teléfono, los tripulantes del bote le dan el resultado del fondeaje, rectificando el sondeo. También le hacen saber estas cifras por medio de un cartón blanco donde escriben los del bote, mostrándoselo al submarino. Peral lo ve a través de los cristales. Se percibe nuevo ruido en el submarino, funcionando las hélices horizontales y anda la nave eléctrica avante, hacia fuera. Sigue hundiéndose ahora y no se ve mas que la torrecilla, dejando ésta una pequeña estela por encima de todo el casco.

Navega el ‘Peral’, viéndose la torrecilla, y a la una menos seis minutos se hunde más y se ve sólo media torrecilla. En tal disposición navega virando con una facilidad y movimiento rápidos.

A la una y cuarto se ve sólo fuera del agua un decímetro de torre. Se le ve desaparecer, hundiéndose rápidamente hasta que la bandera toca en el agua. Es la una y media de la tarde. Cesa el silencio que antes se guardaba. Ya nadie oculta sus intensas impresiones.

De todas las embarcaciones parten ruidosos ¡vivas! a Peral, a España y a la Marina española.

Mientras tanto, continúa el descenso de la nave. También desaparece la bandera y no queda a la vista señal alguna del submarino. Era la una y media y dos minutos. A la 1 y 35 aparece la bandera hasta la mitad del asta y vuelve a descender la nave, desapareciendo la bandera y luego la torre a los cinco minutos. Había 10 metros de sondaje en el sitio donde se sumergió, frente a los baños del Carmen, en medio del canal. A los pocos minutos aparece el casco y se acerca el bote del remolcador que hizo los sondajes. A las dos menos cuarto sale Peral por la escotilla y se sitúa en la cubierta. Aplausos y vivas.

Entusiasmo indescriptible.

En la muralla y Alameda había multitud de personas, entre ellas el capitán general señor Montojo. La bandera nacional que ondeaba elegante en la torrecilla, al sumergirse y al volver a aparecer, pegada al palo, había perdido su esbeltez y airosa majestad, pero sin embargo jamás ha podido producir el estandarte castellano más hondo e intenso sentimiento que en este nuevo aspecto.

El inventor del submarino demuestra en su semblante completa satisfacción. La nave se ha hundido a una profundidad de seis metros y las pruebas parecen haber ido mas allá de lo que se creía, pues se decía que se concretarían a sumergirse a diferentes profundidades sin marchar por debajo del agua. Pero en esta situación, al menos sumergido por completo, el submarino ha navegado. Se trata, pues, de una experiencia feliz, argumento precioso para los incrédulos.

Nos felicitamos como españoles y amantes de las glorias nacionales.

El ‘Peral’, terminadas las pruebas, siguió su camino para la Carraca. En cada una de las dos inmersiones completas, del submarino estuvo cinco minutos, y decimos de las dos inmersiones cuando real y efectivamente fue una sola, puesto que dejó ver nada más que media asta de bandera volviendo a desaparecer. En suma, que la totalidad del buque, incluso la torrecilla, permaneció bajo el agua 10 minutos.

Ya en diciembre de 1889, Peral realizó otras pruebas y experiencias en el sitio conocido por la Poza de Santa Isabel. El día 15, a las doce menos quince minutos detiene su marcha el navío ingresando en el interior Peral y cerrando la escotilla. Cinco minutos después dispara un torpedo que marcó 300 metros de trayectoria, notándose un surco blanco que denotaba el recorrido. A la una y quince minutos comienza a descender, quedando visible la torre, y navegando de esta forma dispara un nuevo torpedo con mejor resultado que el anterior y haciendo un recorrido de 500 metros.

SIMULACRO DE ATAQUE AL ‘COLÓN’

“La prueba de anoche fue concluyente y ofreció un resultado magnífico. El crucero Colón enfiló sus dos focos eléctricos para distinguir al ‘Peral’, habiéndose convenido no disparar torpedos.

El submarino se acercó cuatro veces al ‘Colón’ sin ser visto por éste, una de ellas a 10 metros de distancia”, contaba este Diario, el 22 de junio de 1890. Otra de las veces en que se puso delante del crucero llevaba el nuevo invento, la luz eléctrica en la cúspide de la torrecilla, la que percibieron desde el ‘Colón’, pero no el casco. La técnica que empleó en el simulacro fue de espera. Así es que cuando el crucero quería ponerse a tiro de plaza y divisaba la pequeña parte de la torrecilla del submarino, se alejaba, y por tanto de haber sido un buque enemigo, los fuegos no hubieran podido llegar a la plaza.

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