EL PESCADO QUE ORIGINÓ UNA BATALLA

Cuando estaba dando una vuelta por el Mercado Central de Marbella para realizar la compra durante el sábado por la mañana, iba mirando los diferentes puestos que ofrecen sus productos recien sacados de la mar, pensando en qué iba a comprar para cocinar ese fin de semana en casa cuando me topé con un rodaballo mediano recién pescado durante la madrugada en nuestro Mar de Alborán, frente a la Costa del Sol.

Pensando en el frío que hace estos días en la mar se me vino a la memoria una anécdota del famoso almirante inglés Sir Horatio Nelson relacionada con este pescado que a continuación compartimos con vosotros esperando que os resulte entretenida e interesante.

EL RODABALLO DE NELSON

Ocurre que durante las Guerras Napoleónicas, el emperador Bonaparte decretó el Bloqueo Continental para tratar de axfisiar la economía y el comercio marítimo de Gran Bretaña con el continente, en especial tras la derrota de Abukir.

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Ilustración de la batalla de Copenhague. El momento culmen fue cuando Nelson miró con su ojo ciego por el telescopio la señal de retirada de su comandante Parker y dijo “no veo nada” con lo cual siguió luchando hasta que ganó el combate.


Con este escenario, los británicos se enfrentaban a un grave problema, ya que de repente se veían sin el mercado internacional donde conseguir materiales estratégicos tales como la madera (para construir y reparar barcos) el cáñamo (para fabricar cabos y cordelería) la lona (para hacer velas) o la brea (para calafatear los cascos) vitales para mantener operativos los grandes navios de la Royal Navy.

Pues bien, ante esta situación, el Gobierno británico encargó al almirante Sir Hyde Parker la misión de destruir la flota danesa, aliada de Bonaparte para obligar al gobierno de Copenhage a levantar el bloqueo en este puerto y a que se salieran de la alianza con Francia.

El almirante Sir Hyde Parker no tenía muchas ganas de batallar en el frío Báltico y además quería enviar a un emisario para pedir a los daneses que se rindieran por las buenas y así evitarse el combate. Su segundo, el entonces vicealmirante Horatio Nelson, opinaba que esto era poco inteligente, ya que era mejor atacar por sorpresa y sin avisar al enemigo de las intenciones para pillarles desprevenidos y con las defensas bajas.

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Solia ser habitual en los grandes navios de linea que sus comandantes invitaran en sus cámaras a  algunos oficiales subordinados a desayunar, almorzar o cenar antes de una inminente batalla.


Al principio Nelson se enfadó mucho por la ineptitud y falta de espíritu combativo de Sir Parker, pero luego recordó que su comandante era un gourmet muy glotón, así que hizo que desde una chalupa del HMS St. George le pescaran en plena noche de lluvia helada y mala mar un rodaballo del Dogger Bank, que es un pescado muy delicioso emparetado con la familia de los jugosos hipoglosos y denominado científicamente como Psetta Maxima.

A la mañana siguiente le sirvieron el rodaballo a Sir Hyde Parker para desayunar con los mejores deseos de su segundo Horatio Nelson. Luego en la reunión de comandantes de la mañana, Nelson, con una buena retórica sobre estrategia naval, le comió el coco a Parker, que ya con la barriga llena estaba medio convencido y se dejó aconsejar por su segundo, al que le dejó la iniciativa para encabezar el combate contra la flota danesa.

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Ejemplar de rodaballo similar al de nuestra historia, en este caso capturado en el Mar de Alborán y expuesto a la venta en el Mercado Municipal de Marbella


Así que al final hubo batalla naval contra la flota danesa en Copenhagen y se obtuvo una sonada victoria británica gracias al rodaballo de Horatio Nelson… y a su ojo ciego, ya que el duditativo Sir Parker seguía sin espíritu combativo a pesar de tan buen desayuno y temió perder la batalla frente a los daneses, por lo que desde su buque insignia le ordenó a Nelson que se retirara, aunque cuando Nelson miró la señal, se puso el telescopio en el ojo malo (el que perdió en Tenerife cuando fue derrotado por los españoles) y dijo que no veía nada, con lo cual ignoró las órdenes de su comandante y siguió luchando hasta la victoria.

Desde entonces se sabe que Napoleón empezó a odiar dicho manjar marino y aún más al famoso marino británico que ya empezaba a resultarle demasiado molesto en sus planes de dominar Europa por la fuerza de las armas.

Juan Cristóbal Ortiz (Foro Naval)

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