Treinta aniversario del ataque contra el patrullero TAGOMAGO (P-22)

Por Gorka L Martínez Mezo

El pasado 21 de septiembre se cumplieron 30 años del ataque contra el patrullero TAGOMAGO por parte de fuerzas del Frente Polisario durante el conflicto del Sahara, en el que perdió la vida el Cabo Segundo Especialista José Manuel Castro Rodríguez y fueron heridos el Cabo Primero Electricista José Manuel Ferreiro y el Cabo Segundo de Marinería Francisco Sánchez Grane.

Ilustración 1: El TAGOMAGO en su amarre habitual en el puerto de Málaga en marzo de 2014, durante una visita de Urban Sketchers (autor)

Antecedentes históricos

El TAGOMAGO fue el segundo de los diez patrulleros de la clase ANAGA encargados por la Armada Española a finales de los años 70.

Debido a la necesidad de recortar costes, se eligió una propulsión de un solo eje lo que complicaba sobremanera operar en aguas cerradas y les dotaba de un escaso andar, resultando cortos en equipos y habitabilidad, siendo la clase popularmente conocida como “los tacañones”.

Bautizado con el nombre de un islote situado al noreste de la isla de Ibiza, el TAGOMAGO fue botado el 14 de febrero de 1980 y entregado a la Armada el 30 de enero de 1981. La TAGOMAGO prestó servicio en Canarias hasta el año 2012. Desde entonces su base de estacionamiento ha sido la ciudad de Málaga.

Con un desplazamiento de 319t, una eslora de 44,26m y una manga de 3,3m, los patrulleros de la clase ANAGA tienen un casco de acero soldado, siendo su superestructura de aluminio.

Su único motor diésel Bazán-MTU de 4.500 Cv acoplado a una hélice de paso controlable (variable y no reversible) Helimatic les da un andar máximo de 15 nudos, siendo su velocidad de crucero de 10 nudos, régimen al cual disponen de combustible y víveres para una autonomía de 12 días en la mar.

La dotación habitual la componen un total de 27 personas, 4 oficiales, 4 suboficiales y 19 marineros.

Su armamento principal es un cañón semiautomático Mk22 de 3 pulgadas (76,2/50mm) situado a proa, procedente de la llamada “Ayuda americana”, apuntado manualmente en elevación y azimut, no estabilizado y con un cadencia de tiro de 15 a 20 disparos por minuto.

Ilustración 2: el cañón Mk22 de proa. Con cierre de cuña semiautomático, se puede ver fácilmente lo expuesto de su dotación.(autor)

Ilustración 3: la pieza Mk22 vista desde el puente (auotr)

A popa montan un cañón automático Oerlikon Mod. 5-TG 20/120mm alimentado por petacas de 20 proyectiles, con una cadencia de tiro práctica de 280 DPM.

Ilustración 4: la pieza Oerlikon de popa con su funda protectora (autor)

Carecen de dirección de tiro, realizándose la puntería con el alza del arma, lo que limita sus capacidades militares de forma importante. Sin embargo, se puede considerar un armamento adecuado para tareas de patrullaje y policía marítima. Ninguna de las dos armas ofertaba protección alguna a sus servidores.

El ataque

En septiembre de 1985 el TAGOMAGO, entonces con el número de casco PVZ-22 de Patrullero de Vigilancia de de Zona, operaba en aguas del Banco Sahariano en labores de apoyo y protección a los numerosos pesqueros españoles que trabajaban en dichas aguas. En aquellos tiempos en dicho caladero podrían faenar algo más de 1.000 embarcaciones a lo largo de 500 millas de costa entre cabo Juby, al norte, y cabo Blanco, al sur.

Desde la retirada española de los territorios del Sahara se libraba una guerra entre el Frente Polisario y Marruecos, durante la cual en varias ocasiones buques de bandera española fueron alcanzados por fuego de ambos bandos. Por ello, era una queja habitual la falta de protección y la necesidad de aumentar la presencia militar española en dichas aguas.

El TAGOMAGO estaba basado en Las Palmas de Gran Canaria y se hallaba patrullando las aguas del caladero cuando recibió la noticia de un ataque por efectivos del Frente Polisario contra el pesquero artesanal canario EL JUNQUITO, que habría procedido a secuestrar a su tripulación.

Al TAGOMAGO, bajo el mando del Teniente de Navío Francisco Olmos Vargas, se le encomendó la tarea de localizar al pesquero y rescatar a su tripulación.

La visibilidad se reducía a unas tres millas debido a la presencia de calima, encontrándose la línea de costa oculta tras la bruma.

Debido a las condiciones meteorológicas, el TAGOMAGO debió acercarse a la costa, navegando a unas 0,8 millas (1,5km) de la misma en el momento del ataque.

Todas las fuentes hablan de un ataque súbito, con un fuego bien apuntado de armas automáticas además de piezas más pesadas, identificadas por distintas fuentes como cañones sin retroceso de 106mm o granadas de RPG.

En total el TAGOMAGO recibió 48 impactos en los pocos minutos que duró el ataque. El casco fue alcanzado por cuatro proyectiles de 20-23mm mientras que el puente fue alcanzado por un “cohete” (posiblemente una granada autopropulsada), causando la muerte del Cabo Segundo Especialista José Manuel Castro Rodríguez.

Ilustración 5: Placa en memoria de las víctimas del ataque situada en el puente, lugar donde falleció el Cabo Segundo Especialista José Manuel Castro Rodríguez (autor)

Por su interés reproducimos este fragmento del artículo dedicado al ataque publicado en el diario EL PAIS en su edición del 25 de septiembre de 1985:

“El fuego fue instantáneo. Duró unos minutos y fue realizado por sorpresa y con dirección de tiro. No pudimos localizar a nuestros agresores a pesar de la proximidad a la costa. La visibilidad era de tres millas porque había mucha calima. Nuestros agresores estaban parapetados aprovechando que aquel lugar es bastante acantilado. Íbamos en una misión de salvamento, y lo primero que me pasó por la cabeza fue abandonar el lugar, para salvar a la tripulación y para que no me hundieran”, declaró el comandante de la patrullera, Olmos Vargas.

Por su parte, uno de los dos militares heridos en el ametrallamiento de la patrullera Tagomago, el cabo primero electricista José Manuel Ferreiro, de 25 años, dijo ayer en el hospital militar de Las Palmas, donde se recupera de sus lesiones en la pierna izquierda: “Me pareció una eternidad; creí que me habían volado parte del cuerpo”. El otro marinero que sufrió daños en el citado ataque al buque militar español, el cabo segundo de marinería Francisco Sánchez Grane, recuerda que se encontraba de guardia en la sala de máquinas. “Cuando me asomé”, añadió, “recibí un impacto en el brazo y regresé al punto de donde había partido”.

Dada la imposibilidad de devolver el fuego y el riesgo en el que se encontraba la nave, su comandante decidió alejarla de la costa para ponerla a salvo. Durante el ataque y el periodo posterior destacó la notable labor del Alférez Médico Antonio José Acosta Martínez, que se encargó de aplicar las primeras curas al personal herido.

¿Qué ocurrió con la tripulación de EL JUNQUITO? El Frente Polisario capturó a sus siete tripulantes, debiendo lamentar la muerte del contramaestre del buque, Guillermo Batista Figueroa, a resultas de las heridas sufridas durante el ataque y posterior secuestro.

Los seis supervivientes fueron liberados en el aeropuerto argelino de Adrar el 29 de septiembre de 1985 y trasladados de vuelta a las Islas Canarias, cerrándose así este triste incidente.

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