Cuando el superyate Octopus de Paul Allen buscó al crucero Reina Regente de la Armada

Esta historia comienza hace mucho tiempo, durante el mes de marzo de 1895 en el área del Estrecho de Gibraltar, cuando el crucero Reina Regente de la Armada Española luchaba contra un fortísimo temporal del que el destino no quiso que saliera victorioso, perdiéndose para siempre en algún lugar frente a las costas de Cádiz y entrando en el misterio, ya que desapareció casi sin dejar rastro sobre su paradero.

El crucero Reina Regente de la Armada Española navegando para salir del olvido mientras pasa por la popa del superyate Octopus de la Fundación Paul Allen, que estuvo involucrado en su búsqueda, retratados ambos por nuestro compañero de Foro Naval, Txema Prada (Foro Naval)

Para quien esto escribe, me animé a redactar el presente artículo a raíz de una casualidad, cuando admiraba un cuadro del pintor malagueño Guillermo Gómez Gil expuesto en el Museo Carmen Thyssen de Malaga, donde retrataba un bonito crucero fondeado en la dársena del Puerto de Málaga, aunque en la placa de la pared que acompañaba dicho cuadro no figuraba su identidad, así que tras sacarle una foto tuve que buscar el nombre a través de Google, donde pude encontrar que el buque pintado por Gómez Gil era el malogrado crucero Reina Regente. Casualmente ese mismo día pude dar un paseo por los muelles del Puerto de Málaga y fotografiar al impresionante superyate Octopus, donde lleva ya varios meses atracado a la espera de ser vendido tras la muerte de su dueño, el increible Paul Allen. En ese momento no pensé que ambos buques pudieran a estar relacionados, hasta que un compañero de la asociación Foro Naval y un oficial de la Armada Española me pusieron sobre la pista…

El Reina Regente retratado por el pintor malagueño Guillermo Gómez Gil fondeado en la dársena del Puerto de Málaga. Este cuadro está expuesto en el Museo Carmen Thyssen de Málaga (FOTO: JuanCris Ortiz)

SOBRE EL CRUCERO REINA REGENTE Y SU DESAPARICIÓN

El Reina Regente fue el primer crucero de la Armada de características modernas, representando el ejemplo final de la transición de los barcos de propulsión a vela o mixta de vela y vapor al buque de combate dotado de propulsión pura a motor sin velamen.

El buque fue construido en 1886 por encargo del Gobierno de España en los astilleros escoceses de James & George Thompson en Clydebank. Con un desplazamiento de 4.600 toneladas, el casco, de 97,3 metros de eslora, 15,4 de manga y 6 de calado estaba construido en acero dulce, estando dotado de un blindaje que oscilaba entre los 50 mm y los 125 mm en sus partes más vitales. Para la propulsión se instalaron dos máquinas Thompson horizontales de triple expansión acopladas a dos hélices de bronce, con las que podía alcanzar una velocidad de 20 nudos con 11.598 CV. de potencia y una autonomía de unas 12.000 millas.

Su armamento era muy potente para la época, consistente en cuatro modernos cañones de 240 mm. L-35 diseñados en 1883 por el ilustre marino e inventor sanluqueño José González Hontoria, que iban instalando uno a cada banda, dos en posición de caza y los otros dos en posición de retirada, así como otros seis de la misma patente y firma pero de 120 mm, estando instalados tres por banda con escudos blindados. Cerraba el armamento otros seis cañones Norddenfelt de 57 mm. y dos ametralladoras para la defensa frente a pequeños y peligrosos buques torpederos, montando además cinco tubos lanzatorpedos de 356 mm. llevando dos en la proa, uno en la popa y uno en cada banda.

A pesar de su moderno aspecto y poderoso armamento, el crucero Reina Regente padecía de un complicado compromiso entre el desplazamiento de su casco y el peso de los cañones, que el diseñador del buque, el ingeniero británico Sir John H. Biles, no supo resolver muy bien del todo y que a la postre traería fatídicas consecuencias. Debemos tener en cuenta que la ingeniería naval de la segunda mitad del siglo XIX no era tan avanzada como la de hoy en día, tal y como se pudo comprobar unos veinticinco años antes con el naufragio del acorazado británico HMS Captain, cuando se hundió en 1870 durante una borrasca frente al Cabo Finisterre.

El Crucero Reina Regente fue botado en febrero de 1887, entrando en servicio con la Armada Española en enero del siguiente año, siendo nombrado en honor de S.M. María Cristina de Habsburgo, regente del Reino durante la minoría de edad de su hijo Alfonso XIII, siendo clasificado como crucero protegido, lo que le colocaba entre un crucero acorazado y un crucero de batalla de la era de los predreadnoughts.

El crucero Reina Regente navegando a toda máquina en un óleo de Rafael Monleón, donde se destacan dos de sus cuatro pesados cañones González Hontoria de 240 mm. en posición de caza en la proa. Los otros dos van en posición de retirada en la popa (Foro Naval)

El flamante buque llegó a participar en la celebración del IV Centenario del descubrimiento de América en Génova (supuesta cuna del marino y explorador Cristóbal Colón) en septiembre de 1892, llegando incluso a traer a remolque una réplica de la Nao Santa María desde La Habana hasta Hampton Roads, donde participó en la Revista Naval Internacional de abril de 1893 representando a España.

Es de esta manera como llegamos al 9 de marzo de 1895, cuando el crucero Reina Regente, comandado por el capitán de navío Francisco Sanz de Andino, parte desde Cádiz con la misión de llevar hasta Tánger a los diplomáticos marroquíes de la Embajada del Sultán Alauita que negociaron con el Gobierno de Sagasta las condiciones de la Paz de Marrakech. Al día siguiente el buque debía regresar a Cádiz para participar en la solemne botadura del nuevo crucero acorazado Carlos V, saliendo a la mar a pesar de la recomendación del cónsul español de no hacerlo, ya que los barómetros vaticinaban la proximidad de una tormenta. De hecho el puerto de Tánger se cerró tras la partida del Reina Regente en previsión de mal tiempo. Un funcionario de la embajada francesa, que quizás fue la última persona que lo vio partir, afirmó que el crucero se detuvo por fuera de la bocana del puerto y que lanzó lo que le pareció ser un buzo al agua, quizás para revisar el casco bajo la linea de flotación, partiendo media hora después tras izarlo de nuevo a bordo.

Es así como tras partir de Tánger, el crucero se vio navegando a través un fortísimo temporal en el Estrecho de Gibraltar que provocó su posterior desaparición, tras ser visto luchando contra las olas por un par de barcos mercantes británicos que corrían el temporal hacia el Mediterráneo y por unos agricultores de la zona de Bolonia, en la costa de Tarifa, que testificaron que el buque iba dando unos bandazos muy grandes y que avanzaba penosamente, hocicando la proa en las olas. Cuando no arribó a Cádiz, todos pensaron que el crucero habría conseguido resguardarse en Tánger, pero al restablecerse el servicio telegráfico tras el temporal, se recibió un inquietante mensaje del Comandante de Marina de Tarifa preguntando por el paradero del crucero, pues la mar estaba arrojando a la costa numerosos restos que parecían pertenecer al Reina Regente, lo que hizo augurar los peores temores, sobre todo cuando el Reina Regente no llegó jamás al Puerto de Cádiz. Excepto por dos marinos que se quedaron en tierra en el puerto de Tánger, toda su dotación, formada por 420 marinos, desaparecieron en la mar junto con su nave, lo que supuso una de las mayores tragedias humanas de nuestra Armada, junto a las pérdidas del crucero Baleares y del buque Castillo de Olite, hundidos ambos durante nuestra terrible Guerra Civil, recordando también un poco el caso del Reina Regente al naufragio del dragaminas Guadalete, ocurrido también en el área del Estrecho de Gibraltar.

El único superviviente del naufragio del crucero Reina Regente fue un perro de raza pastor de terranova, propiedad del alférez de navío José María Enríquez, que al llevarlo a bordo fue aceptado por toda la dotacíon como mascota del buque. Aquí lo vemos aferrado a los restos del naufragio, retratado por Txema Prada (Foro Naval)

Como anécdota, merece la pena recordar la increible historia de un perro de raza Pastor Terranova que logró, no se sabe cómo, sobrevivir al naufragio del Reina Regente al trepar sobre unos restos de madera que flotaban a la deriva entre el oleaje. Este increible perro era la mascota del alférez de navío José María Enriquez, natural de Sanlúcar de Barrameda, que fue encontrado por el buque mercante británico Clyde que participaba en las tareas de búsqueda. El pobre perro fue salvado y adoptado por la tripulación inglesa hasta que el buque fondeó en la barra de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Río Guadalquivir. Allí el can reconoció en seguida la ciudad de su malogrado dueño, por lo que, sin dudarlo, pegó un salto por la borda y se lanzó valientemente al agua para sorpresa de sus asombrados rescatadores, logrando alcanzar la orilla de Bajo de Guía y adentrarse en la ciudad hasta llegar a la casa de la familia de su amo. Nos podemos imaginar la enorme sorpresa de los padres y paisanos del alférez de navío José María Enríquez al ver al pobre perro llegar mojado hasta la puerta de su casa, casi como si fuera un heraldo de la muerte, pero demostrando su indudable lealtad para con su familia.

UN OFICIAL DE LA ARMADA ESPAÑOLA A BORDO DEL OCTOPUS DE PAUL ALLEN

Resulta que hace justo ahora tres años, estaba escribiendo un artículo para este blog de Foro Naval sobre el increíble superyate Octopus del filántropo y mecenas Paul Allen, que en ese tiempo estaba usando el puerto de Málaga como base de operaciones, cuando Txema Prada, compañero de la asociación, se puso en contacto conmigo para contarme, de manera discreta, que por casualidad había un amigo nuestro, oficial de la Armada, que estaba colaborando a bordo del M/Y Octopus como asesor para buscar un naufragio que está considerado como el Santo Grial de la Armada Española por las circunstancias que envolvieron su desaparición pero que, por motivos de confidencialidad, no podía hablar sobre el asunto ni decirme tampoco quién era ese oficial amigo nuestro.

El artista gráfico y miembro de la asociación Foro Naval, Txema Prada, junto a su amigo, el capitán de navío Luis Mollá en la Base Naval de Rota (FOTO: Foro Naval)

Hasta ese momento pensaba que el naufragio más importante para la Armada Española era el del navío de 74 cañones San Telmo, perdido durante un temporal cuando trataba de cruzar el Cabo de Hornos en 1819 y supuestamente encontrado por el capitán británico William Smith en la Antártida unos meses más tarde. Pero dado que el M/Y Octopus estaba en aquel entonces por la Costa del Sol en vez de en el Mar Antártico me hizo descartar esa posibilidad…

Justo tres años más tarde, en la página de Facebook de Foro Naval, se volvió a publicar mi artículo del superyate Octopus, apareciendo en el hilo un comentario del capitán de navío Luis Mollá, explicando él mismo, de manera sucinta, que había estado a bordo del Octopus como asesor de la Armada para colaborar en la búsqueda del desaparecido crucero Reina Regente en el área del Estrecho de Gibraltar… ¡por fin se descubrió el misterio!

En seguida me puse en contacto con Txema Prada contándole lo del comentario de Luis Mollá y le rogué para que se pusiera en contacto con él para que contara todo lo que buenamente pudiera sobre esa experiencia a bordo del Octopus buscando al Reina Regente.

Antes de continuar diremos que Luis Mollá, natural de Tarifa, es capitán de navío de la Armada Española, piloto naval, especialista en comunicaciones y diplomado de Estado Mayor. Su carrera estuvo orientada al pilotaje de los impresionantes helicópteros antisubmarinos Sikorsky SH-3D Sea King de la 5ª Escuadrilla de la FLOAN, operando a bordo de los portaaviones Dédalo (R-01) y Príncipe de Asturias (R-11). Ha sido también profesor a bordo del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano (A-71), así como comandante del patrullero Cormorán (P-41) y del buque de salvamento submarino Poseidón (A-12) con el que adquiriría una experiencia que más tarde le sería de utilidad durante su paso por el M/Y Octopus. Igualmente es un prolífico escritor, novelista, investigador y conferenciante, habiendo publicado varios libros y artículos, donde ha sacado a la luz algunos naufragios tan interesantes como desconocidos para el público en general, como los hundimientos del submarino C-3 en la bahía de Málaga y del transporte Castillo de Olite, hundido frente a Cartagena durante la Guerra Civil Española, el dragaminas Guadalete, perdido en el Estrecho durante un temporal, la pérdida del navío San Telmo en la Antártida, y uno de los protagonistas de este artículo, el crucero Reina Regente, hundido, supuestamente, en algún lugar frente a la gaditana costa de Barbate. Desde aquí aprovechamos para recomendar su excelente blog El Sextante del Comandante, donde toca esta clase de temática naval y muchas más cosas.

El buque de rescate submarino Poseidón (A-12) de la Armada Española retratado por Txema Prada. Al mando de esta unidad fue donde el capitán de Navío Luis Mollá adquirió experiencia sobre operaciones de búsqueda y rescate submarinas que luego serían de utilidad durante su estancia en el superyate Octopus de Paul Allen (Foro Naval)

Volviendo al tema que nos ocupa, el capitán de navío Luis Mollá recibió, hace ahora tres años, la inesperada llamada del Almirante de la Flota (ALFLOT) para preguntarle si quería sumarse a una iniciativa privada ofrecida por una fundación que le había ofrecido a la Armada la posibilidad de buscar el naufragio que tuvieran como número uno en su lista de barcos desaparecidos, siendo considerado como tal el del crucero Reina Regente, perdido en algún lugar de la costa gaditana al oeste del Estrecho de Gibraltar. Al contestar de manera positiva, el ALFLOT le pidió a nuestro capitán de navío que se presentará en el plazo de unas horas en el Puerto de Cádiz, donde le recogería una embarcación que iría a buscarlo desde el puerto de Málaga…

Y dicha embarcación resultó ser el famoso superyate Octopus, del que ya hemos hablado en este mismo blog. Para no repetirnos de nuevo, podemos describirlo rápidamente como uno de los yates privados más grandes del mundo, siendo al mismo tiempo un verdadero buque de investigación marina dotado de una gran variedad de equipamiento e instrumental científico del más alto nivel, que le han servido a su propietario, el cofundador de Microsoft Paul Allen, para investigar y buscar en el fondo del mar los naufragios de famosos barcos perdidos, así como poder realizar múltiples investigaciones oceanográficas, como la búsqueda del fósil viviente del pez celacanto. También llama la atención que incluso el Octopus ha servido de base para la búsqueda de posibles vestigios vida extraterrestre. Para todo ello el Octopus va equipado con un pequeño submarino, del tipo batiscafo, alojado en un dique inundable a popa. También lleva un robot submarino manejado por control remoto (ROV) disponiendo además de una amplia pista de aterrizaje con hangar para dos helicópteros. Igualmente dispone de un moderno sónar de barrido lateral y un sistema de posicionamiento dinánico que le permite mantener la posición sobre un punto fijo sin que la corriente o la deriva le desplazase.

Tras la sorpresa inicial de ver llegar un yate tan grande y famoso para recogerle en el puerto y subir a bordo junto a un compañero oficial de la Armada, adscrito al Instituto Hidrográfico de la Marina, Luis Mollá fue recibido por el capitán del Octopus, un jóven y amable oficial finlandés, que le mostró el interior del buque, la forma de vida a bordo, y el camarote que le habían destinado como alojamiento en la parte baja, que era de aspecto lujoso en compararación con el equivalente de un buque militar. También hay otros cinco camarotes más grandes, estos a todo lujo, situados encima del puente, que están reservado para el armador y los invitados VIP, como lo han sido, por ejemplo, los Rolling Stone o el cantante Bono de la banda U2.

Nos cuenta Luis Mollá, que el ofrecimiento realizado por la Fundación Paul Allen estuvo motivada a modo de desagravio o resarcimiento para con las autoridades españolas, ya que mientras el superyate Octopus permanecía en el Puerto de Málaga para la revisión de sus motores, aprovechó la ocasión para investigar el pecio del submarino C-3 de la Armada Española, que fue hundido en 1936 por un U-Boot de la Kriegsmarine alemana durante nuestra Guerra Civil, siendo interceptado por la patrullera Río Arba (M-17) del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, que le pidió las oportunas explicaciones al capitán del Octopus por no haber solicitado el necesario permiso a la Comandancia Naval de Málaga. A raíz de este ofrecimiento fue que el ALFLOT se acordó del capitán de navío Luis Mollá por ser uno de los oficiales de la Armada que más han investigado y escrito sobre el naufragio del crucero Reina Regente.

El superyate Octopus de la Fundación Paul Allen atracado en el muelle de espera del Puerto de Málaga (FOTO: JuanCris Ortiz)

Una vez acomodado a bordo del Octopus e informado sobre el sistema y estilo de vida a bordo, el superyate fue a investigar uno de los tres posibles puntos donde se podría encontrar el pecio del malogrado Reina Regente, para los cual Luis Mollá fue invitado a pasar al interior de la cámara de control del robot submarino, que se asemeja en cierta medida al CIC de una fragata, ya que está equipado con multitud de monitores y pantallas donde se muestran toda clase de datos, imágenes e información que va recogiendo el sónar y el ROV, lo que ayuda en la toma de decisiones y la conducción de las operaciones submarinas. También se reflejan las comunicaciones e informaciones que puedan llegar desde el exterior por vía radio o satelital.

Antes de seguir, hay que contar una anécdota divertida ocurrida durante el recorrido del superyate, cuando el capitán del Octopus le enseñaba el hangar de los helicópteros a Luis Mollá, que en ese momento albergaba uno de los dos aparatos que puede llevar a bordo, solo que en esa ocasión no había ningún piloto disponible en el buque para hacerlo volar. Nuestro amigo Luis, que es piloto naval de la Armada, se ofreció a modo de broma para pilotarlo. El capitán finlandés del Octopus no llegó a pillar la broma, tomándoselo de manera literal y escribiendo en seguida un e-mail a Paul Allén informando del ofrecimiento… ¡Qué peligro tienen estos gaditanos!

Precisamente en esta sala de control del ROV se produjo una grata sorpresa, un poco como consecuencia de la broma del helicóptero, al ponerse en contacto directo, mediante teleconferencia, el armador del Octopus con Luis Mollá. Y es que Paul Allén se conectó con su buque para saludar a nuestro amigo, dándole la bienvenida a bordo y aprovechando la ocasión para volver a pedir disculpas por el incidente del submarino C-3 en la bahía de Málaga, al tiempo que le daba las gracias por el ofrecimiento para pilotar el helicóptero. Durante la conversación, nuestro amigo Luis le contó al cofundador de Microsoft todo lo que conocía y había escrito sobre el naufragio del crucero Reina Regente, derivando la conversación de manera cordial y amistosa hacia la película Tiburón de Steven Spielberg, que estaba basada en la experiencia de los supervivientes del crucero USS Indianapolis (CA-35), encontrado hacía poco por la Fundación de Paul Allén. Luis Mollá le contó a Paul Allen que precísamente había escrito un artículo sobre esa experiencia, mostrando un gran interés y pidiendo que le mandara una copia para leerla.

Vista de la popa por la banda de babor del superyate Octopus en el Puerto de Málaga, donde se puede apreciar el hangar y su cubierta de vuelo para operar con helicópteros (FOTO: JuanCris Ortiz)

Una vez se empezó a trabajar en la Sala de Control del robot submarino, manejado por control remoto (ROV) por un hábil galés llamado Mike, se empezó a explorar los posibles contactos bajo el mar, con la dificultad de navegar bajo el agua a través de las fuertes corrientes del área del Estrecho y tener que sortear los obstáculos que suelen encontrar estos vehículos durante sus operaciones sumergidas. Luis Mollá hace en ese momento una comparativa del ROV del Octopus respecto a los que operan los buques Poseidón (A-12) y Neptuno (A-20) de la Armada Española, dedicados a las operaciones de rescate submarino en cuanto a la claridad y nitidez de las imágenes obtenidas bajo el agua.

Precisamente a causa de las fortísimas corrientes, antes descritas que pasan por el Estrecho de Gibraltar, se encontraba Paul Allen bastante decepcionado durante la frustrada búsqueda del portaaviones HMS Avenger de la Royal Navy llevada a cabo por el Octopus, ya que es muy probable que “navegara” (por así decirlo) durante su descenso al fondo de los mares varias millas, tal como nos explica Luis Mollá, por lo que el pecio podría estar posado a mucha distancia del último punto donde se le pudo ver a flote. Sin embargo, el caso del crucero Reina Regente habría sido diferente, ya que se habría hundido a plomo por estar inundado del agua que embarcó con las olas del temporal, por lo que estaría situado relativamente cerca del punto donde flotó por última vez. También hay que tener en cuenta que durante el momento del naufragio, el crucero habría zozobrado a causa de los pesos altos de su potente artillería, desprendiéndose los cañones al volcar y estando, supuestamente, más o menos cerca del pecio del buque. Si se pudieran encontrar esos cañones González Hontoria L-35 con sus números de serie, ayudarían muchísimo en el radio de acción de búsqueda y en la posible identificación del Reina Regente.

Adaptación de Txema Prada de la obra de Guillermo Gómez Gil del crucero Reina Regente en el Puerto de Málaga, dibujado durante una jornada de Urban Sketchers organizada por el Museo Carmen Thyssen de Málaga (Foro Naval)

Sobre el lugar donde podría encontrarse el pecio del crucero Reina Regente existen tres posibilidades, más o menos aceptadas, cuyas coordenadas fueron facilitadas por el Instituto Hidrográfico de la Marina al Octopus para inciar la búsqueda. El primer punto se basaba en un anónimo que recibió el capitán general del departamento de Cádiz, donde se afirmaba que el barco estaba hundido a unos mil seiscientos o setecientos de Torre de Plata. La pista del anónimo resultó ser poco efectiva y en la actualidad se da por descartada. El segundo punto se basaría en la afirmación de un profesor ruso que, en el año 2002, anunció haber encontrado el pecio en el área de Bolonia, en la costa de Tarifa, si bien en la actualidad también se considera como descartable. El tercer punto es el planteado por el capitán de navío Ruíz Escagedo, que situaría los restos del Reina Regente cerca de los Bajos de Trafalgar, siendo hasta ahora la opción que tiene mayores probabilidades de acertar con la posible localización, siendo justo aquí donde trabajó el ROV del Octopus.

Sobre este punto de búsqueda, elegido por ser el que mejores opciones de éxito planteaba, la Armada la exploró ya en su día con sus buques hidrográficos, encontrando tres ecos metálicos a profundidades comprendidas entre los 90 y los 110 metros que podrían coincidir con las características del crucero Regente, aunque la escasa luz que hay a esas profundidades, así como la intensidad de las corrientes y el hecho de que dichos pecios estén casi enterrados en una densa capa de fango, hacen que sea extremadamente difícil la identificación mediante medios visuales, salvo que se puedan sacar muestras y analizarse de manera científica.

El crucero Reina Regente luchando contra las olas durante el temporal que le hizo naufragar en el área del Estrecho de Gibraltar. Este impresionante cuadro está expuesto en la Escuela Naval Militar de Marín (Foro Naval)

No obstante, tal y como el amable lector que haya llegado hasta aquí ya se podrá imaginar, todos los puntos donde el Octopus estuvo investigando con su ROV no arrojaron ninguna luz sobre el lugar de reposo final del Reina Regente, a pesar de que se pudo explorar dos pecios que, por sus características, podrían coincidir con los restos del malogrado crucero. El ROV pudo entrar en sus recovecos y explorar el interior, pero al estar todo lleno de fango, rodeado de oscuridad y haberse convertido sus restos en unos montones destartalos de hierro a causa de la acción corrosiva del agua del mar y la presión a esas profundidades, no se pudieron conseguir datos esclarecedores para determinar sus posibles identidades. Aquí merece la pena volver a señalar que el Reina Regente fue construido con acero dulce, un material que estuvo de moda durante un periodo de tiempo muy concreto en la historia de la construcción de barcos, por lo que si se pudieran extraer algunas muestras, estas ayudarían a identificar, con cierta seguridad, la identidad del posible pecio.

Así pues, el resultado fue que no se pudo reconocer con suficientes garantías los presuntos restos del crucero Reina Regente. Además, dichos restos se degradarán cada vez más con el paso del tiempo. Esto, unido a los medios actuales de exploración y búsqueda submarina con que cuenta la Armada, que son limitados en comparación con los del Octopus, hace que tengamos que ser pesimistas por lo difícil que será dar con el pecio del Reina Regente en un futuro inmediato, si bien aún nos queda la esperanza de ver cómo será equipado el futuro Buque de Acción Marítima de Intervención Submarina (BAM-IS) con que se dotará próximamente la Armada Española con vistas a servir de apoyo a los nuevos submarinos S-80+ (Plus) de la clase Isaac Peral. No obstante nos consta que, en octubre pasado 2019, el buque de rescate submarino Neptuno (A-20) llevó a cabo otro nuevo intento de identificar, con sus sonar de barrido lateral y su nuevo ROV Navajo de última generación, los posibles contactos antes señalados con mayores posibilidades de ser nuestro crucero, pero hasta ahora no hay noticias sobre los resultados, lo que nos hace suponer que también fueron negativos.

Tras relatar estos hechos, nos tememos que los restos del Crucero Reina Regente seguirán ocultándose de los esfuerzos que se están empleando para dar con el lugar exacto donde se haya hundido, sirviendo para siempre de misterioso sarcófago de acero para su dotación.

El superyate Octopus navegando frente a la ensenada de Marbella durante una de sus salidas al mar para explorar el área del Estrecho de Gibraltar (FOTO: JuanCris Ortiz)

CONCLUSIONES FINALES SOBRE EL CRUCERO REINA REGENTE

Sobre las causas del hundimiento, nos cuenta Luis Mollá que el crucero Reina Regente adolecía de una serie de defectos muy destacados, consistentes en la falta de estanqueidad, el excesivo peso alto provocado por sus montajes artilleros y la escasa eslora en relación con su desplazamiento, que muy bien pudieron ser los ingredientes que se sumaron al temporal en el Estrecho de Gibraltar para que el buque se perdiera. De hecho el Reina Regente estaba pendiente de someterse a reparaciones para corregir estos problemas tras los informes elaborados por sus primeros comandantes en este sentido, cuando fue comisionado para devolver a Tánger a la delegación diplomática marroquí. No obstante, la comisión encargada de la investigación llegó a la conclusión de que el naufragio se habría producido por la extraordinaria fuerza del temporal como causa principal del naufragio, al embarcar cientos de toneladas de agua que hizo perder la flotabilidad del buque, puesto que cuando salió del puerto de Cádiz se encontraba en buenas condiciones para la navegación.

El Reina Regente fue el primero de una serie de tres cruceros protegidos de la misma clase, integrados por el propio Reina Regente, el Alfonso XIII y el Lepanto, todos ellos de similares características, aspecto y prestaciones, destacando que se pretendía disponer de una serie de buques dotados de un poderoso armamento, maquinaria y autonomía en un casco de tamaño de pequeño tamaño y desplazamiento contenido para proteger los últimos restos del Imperio. Tras la pérdida del Regente, los otros dos cruceros fueron sometidos a una serie de obras que trataron de aliviarle los pesos altos para optimizar su estabilidad al navegar, sufriendo modificaciones que afectaron a la velocidad, al comportamiento marinero y al armamento. No obstante acumularon tal cantidad de defectos que eran sistemáticamente rechazados por los jefes de la Escuadra, por lo que fueron apartados del servicio sin que realmente lo llegaran a prestar nunca de forma plena ni participar siquiera en la Guerra Hispanoamericana de 1898. El crucero Alfonso XIII fue retirado tan sólo dos años después de su entrada en servicio, mientras que el crucero Lepanto solamente prestó servicio en la Armada como buque de instrucción naval. Llama poderosamente la atención que el Gobierno español de la época no le exigiera ningún tipo de responsabilidad al diseñador e ingeniero Sir John H. Biles, ni tampoco al astilllero Jamer & George Thompson, que construyó esta desafortunada serie de cruceros para Armada con los defectos antes señalados.

Para finalizar hay que explicar la actual situación legal de los restos del crucero Reina Regente, que a fin de cuentas es un buque de Estado, es decir, que es de titularidad nacional y se considera suelo patrio a todos los efectos, esté donde esté, por lo que siempre estaría imbuido de una protección especial. Además, se supone que el pecio estaría sumergido también dentro de las 12 millas de las aguas territoriales españolas, por lo que la legislación internacional determina que son propiedad del Estado, que a su vez señala que es obligación de la Armada velar y proteger las aguas de su titularidad y fondos marinos. No obstante ocurre que en el año 2004, el Ministerio de Cultura del Gobierno de España cedió la titularidad del pecio (caso de encontrarse) a la Junta de Andalucía, produciéndose la extraña paradoja de que la Armada, como institución, debe pedir permiso a la Junta de Andalucía si quiere buscar un barco que fue parte de su propia Flota.

Juan C. Ortiz (FORO NAVAL)

El autor del artículo junto al protagonista de esta historia, el capitán de navío Luis Mollá de la Armada Española (FOTO: Foro Naval)

CARACTERÍSTICAS DEL CRUCERO REINA REGENTE

Astillero: James & George Thompson

Año de botadura: 1887

Entrada en servicio: 1888

Baja: 1895 (hundido en un temporal)

Desplazamiento: 4.664 t

Eslora: 97,3 m

Manga: 15,4 m

Calado: 5,9 m

Tripulación: 420 hombres

Armamento:

• 4 cañones González Hontoria L-35 de 240 mm

• 6 cañones González Hontoria L-35 de 120 mm

• 6 cañones Nordenfelt de 57 mm

• 2 ametralladoras

• 5 tubos lanzatorpedos

Blindaje cubierta protectora:

• 50 mm en la parte alta

• 75 mm en la zona inclinada

• 90 a 125 mm adicionales protegiendo las calderas, máquinas y pañoles

Potencia: 11.598 CV a tiro forzado

Velocidad máxima: 20 nudos

Autonomía: 12.000 millas

Propulsión: 2 máquinas horizontales Thompson de triple expansión aclopladas a 2 hélices

Oleo del crucero luchando con la enfurecida mar en el área del Estrecho, pintado por Salvador Abril y Blasco con el título El Naufragio del Reina Regente, expuesto en el Museo Naval de Madrid (FOTO: Foro Naval)

ForoNaval© 27/03/2021

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